Llevábamos meses sin vernos, y muchos años sin charlar tranquilamente. Desde
hace unos días estoy de visita en su casa, y a pesar de ello aún no
hemos tenido ocasión de estar ni hablar a solas. Estamos a final del
verano, principio de septiembre. Por fin, una tarde me animo a
acompañarle a la terraza dónde habitualmente descansa después de comer, y
toma el sol. Hace un rato que ha subido. Aviso desde abajo: - Puedo subir contigo? - Claro, faltaría más. Me sorprende que estando él sólo allí, lleve el bañador puesto. - Aquí llevas siempre puesto el bañador, o te lo has puesto porque yo subía? - Bueno, después de tanto tiempo no me ha parecido correcto recibirte desnudo. - O sea, que ya no tienes confianza conmigo. - No es eso. Es... digamos, pudor. - Pudor? A tus años? Conmigo? Si te interrumpo y alteras por mi culpa tus costumbres, me voy. - No, no te vayas, por favor. - Pues venga, ponte cómodo. - Vale. Se
quita el bañador, y efectivamente compruebo que el moreno es uniforme,
sin cortes en la cintura y muslos, lo que demuestra que habitualmente se
asolea sin nada puesto. Y además, y esto sí que es una sorpresa... lleva el vello púbico arregladito. Muyyy arregladito. - Y eso? Digo, señalando su sexo. - No es la primera vez que lo ves, ¿no? - Bueno, hace años desde la última vez que lo ví. Me refería al peladito. Eso sí es la primera vez que te lo veo. - ¡Vaya! ¿Era por eso or lo que te cubriste al subir yo? Hace mucho que te lo recortas? - Un año, más o menos - ¿Y cómo te dió por ahí?
- Bueno... un día decidí probar, y me encontré bien. Sobretodo me gustó
el tacto al pasar mis manos. Supuse que también gustaría al quién me
acariciada o me besara. - Y le gustó a ella? - Mejor le preguntas a ella. - Prefiero que no sepa quelo sé. En todo caso, supongo que la respuesta es sí, pues has seguido haciéndolo desde hace un año. -
A veces uno se acicala simplemente para verse guapo y alimentar su
propia autoestima, independientemente de lo que opinen los demás en
general,o de lo que lo aprecie la pareja. ¿tú no te has arreglado nunca
para tí misma, para verte estupenda, aunque no vayas a salir? -
Vale, lo dejamos ahí. Tienes razón. Pero no quiero dejar el tema sin
decir que te queda muy bien así. Además, el árbol sin matorral se ve aún
más espléndido. - Gracias por el cumplido. - No es un cumplido - Gracias otra vez. Bueno, ¿tú no vas a tomar el sol? ¿Yo aquí desnudo y tú vestida? - ¿Y cómo se supone que debo ponerme? ¿Al natural o voy por el bikini? Evidentemente,
la pregunta era absurda, me dí cuenta aún antes de acabar de
pronunciarla. Algunos años atrás, y durante algunos veranos, habíamos
ido junto a nuestra respectivas parejas a una playa nudista, y aunque
por vivir lejos ya no íbamos juntos a la playa (ni a ningún otro sitio),
hubiera sido ridículo ponerme un bikini estando él desnudo. Así que empecé a quitarme la ropa: sandalias, camiseta, vaquero, braguitas... No
apartó la vista mientras me desnudaba, me miraba con la mayor
naturalidad. Como siempre. Así que, después de tanto tiempo, nada había
cambiado. ¿O era curiosidad por ver cómo había pasado el tiempo por mi
cuerpo? Así que me quité lo único que me quedaba: el sujetador. - Veo que tú también tienes novedades. - Ya lo sabías, ¿no? Además, recuerda que en una ocasión me ofrecí a enseñártelas, y no quisiste. -
Convendrás conmigo en que no era la mejor ocasión, no es lo mismo verte
así, entera al natural, a solas, que me enseñes solamente una parte y
delante de otra persona, como si me pidieras opinión acerca de cómo te
queda un vestido. También es verdad que si entonces hubiera sabido que
pasaría tanto tiempo hasta tener otra oportunidad, me lo hubiera pensado
dos veces antes de decir queno. Sea como sea, están preciosas, y tú en
general estás estupenda, mejor que en las fotos. Mejoras con los años,
como el buen vino. ¿Fotos?
No sabía a qué fotos se refería. No recordaba haberle mandado fotos de
playa ni posados íntimos; supongo que alguna que habría enviado con
bañador o camiseta, en la que se marcaran mis pechos o se apreciara su
silueta. En todo caso, preferí no indagar, y cerrar el asunto. - Gracias, viniendo de un erotómano como tú, es todo un cumplido. -
Sabes que, como buen erotómano, sé apreciar el atractivo de una persona
y su sensualidad más allá de su físico, es algo que llevamos siempre
puesto para quién sabe verlo. Y si a ese morbo que sin querer exhibimos,
añadimos un cuerpo cuidado, el resultado es aún más agradable. -
Para quién sabe verlo? Yo diría más bien que ante quién una quiera. Yo
no despliego mis encantos ante cualquiera. Ese morbo que tú dices que
exhibimos, yo diría en cambio que "sacamos" según a quién tengamos
enfrente, incluso cuándo nos apetezca, pues aun estando con la misma
persona, no siempre nos apetece "transpirar" la misma intensidad de
atractivo. -
Eso ya es cuándo entramos en el terreno del flirteo. Yo hablo de lo que
se percibe de personas en su estado natural, sin poses.
Como cada mañana desde hace unos días, despierto de madrugada con la parte más flexible de mi cuerpo en todo su esplendor. Hoy, al girarme me encuentro con tu cuerpo, blandito y caliente esperándome en la parte de mi cama habitualmente vacía. Hhhmmm!
Qué bien hueles! Refugio mi pecho en tu espalda, mis brazos rodean tu
vientre, mi verga se acomoda entre tus nalgas, mi boca se acerca a tu
oído, y susurro: - Duermes? En
respuesta, tus manos se deslizan entre tus muslos hasta alcanzar mi
sexo, desincrustarlo del valle posterior y llevarlo a tu cueva que
ansiosa le espera. Cálida y húmeda lo recibe y calma el dolor de tanta
espera y sangre acumulada que amenazaba con reventar. Agradecido,
te llena una y otra vez, se mueve no adentro y afuera, si no dentro y
más adentro, explorándote sin apenas salir unos milímetros de tan
acogedor lecho. Mis manos se prenden a tus pechos, mis labios
mordisquean tu cuello, alcanzan tu oreja: - Gracias por colarte en mi vida, por calentar mi cama, por encender de nuevo tu deseo para anhelar mi cuerpo. Giras la cabeza para intentar besarme. Apenas conseguimos rozar nuestras lenguas, que sedientas se buscan. Desistimos... Empujo
tu espalda hasta plegar tu cuerpo en ángulo, con las caderas como
vértice. Sin salir de tí, giro para colar mi tronco entre tus piernas, y
aparecer ahora frente a tí, asciendo, llevando con mis manos tus dos
globos a mi boca, que golosa los devora enteros, primero el merengue y
después las guindas. Mis labios sólo las sueltan para, ahora sí,
fundirse con los tuyos, las lenguas ardientes se enredan, ora en tu
boca, ora en la mía. Somos un manojo de manos, brazos, piernas; y en el
centro de todo, nuestros sexos fundidos que se empujany al mismo tiempo
se absorben. Generan tanta energía que ascendemos, ascendemos en una
vorágine abrasadora de pasión y lujuria que funde también nuestra piel
en una sola, nuestra carne en un solo ente sin forma, sólo un deseo de
sentirnos más dentro del otro. Del cariño y la ternura pasamos entonces... .. al arrebato y el desenfreno. De la unión sin apenas movernos, a la cópula salvaje, cuerpos ardientes, sudorosos, bocas hambrientas que se devoran, lenguas procaces, manos que estrujan, piernas abiertas, sexos que entrechocan, cuerpos que giran sin separarse.
salgo despacio de tu cuerpo abandonándote casi por completo, para volver a entrar aún más despacio para que me sientas abrirte con mi fierro candente. Tu respiración se acompasa a mis embestidas exhalando cuando empujo, ahhhhhhhhhhh tomando aire con la boca abierta AAAAHHHHHH cuándo, al llegar adentro, pulso con fuerza mi base sobre tu punto más sensible, frisándolo en círculos, sintiéndolo vibrar y apretarse tanto contra mí Te observo mientras cierras tus ojos para no perderte detalle de las sensaciones de la piel.
Sin palabras vamos apurando el ritmo. Me rodeas con tus piernas para sentirme aún más adentro. Mis puños a los lados de tu cintura sujetan tus caderas para clavarme aún más en tí. Tus manos prendidas de mis hombros te elevan hacia mí para otra vez devorarme mientras seguimos arriba abajo arriba abajo en cópula animal Suspiros AH ah ah ah ah ah entrecortados, uno por empellón. Bajas de mi cintura tus muslos que se tensan al estirar las piernas tus manos bajan hasta mis nalgas que agarras con los diez dedos a la vez para apretar mi sexo contra el tuyo y frenar las embestidas. Te veo subir, subir... y voy aflojando el ritmo, pero aumentando la presión, recreándome de nuevo en el contacto con tu vértice que siento duro en la piel de mi pubis libre de vello, carne con carne. Tus ojos siguen cerrados echas la cabeza hacia atrás estirando el cuello que se me ofrece y tomo en mi boca tras dejarme caer sobre ti para que sientas mi cuerpo entero. Noto todo el tuyo vibrar, el aire pasar por tu cuello cada vez más aprisa, más aprisa... y me incorporo de nuevo sobre mis puños justo al tiempo Mhhhh Mmmmmmhhh que te llegan los espasmos más deliciosos Mmhhh Ahhh MMmmhhhh que sacuden todo tu cuerpo y transforman tu rostro al llegar a él desde tu sexo... Mmhhhh Ahhh mhhhhh la pétite mort.
Sin salir de tí Beso tus ojos cerrados, tus mejillas, saboreo tu cara entera, tu cuello con mis labios abiertos busco los tuyos y nos unimos de nuevo boca con boca cuerpo a cuerpo sexo con sexo mano con mano entrelazadas para no caernos de tan alto. Permanecemos inmóviles solo nuestras lenguas ávidas se buscan como la primera vez.
Estamos pegados por nuestros humores, que se han fundido entorno a nuestros sexos, soldándolos. Mi palo, rígido, sigue dentro de tí y se agita de nuevo. Tu cueva despierta y otra vez se esponja. Empujas mi pecho para despegarlo del tuyo otro empujón y caigo a tu lado de espadas con la verga erguida apuntando al cielo.
-Ahora me toca a mí.
Y te subes a horcajadas. Tus pechos rozan los pelos del mío, tus pezones buscan los míos tus labios alcanzan de nuevo a besarme tu sexo se muestra abierto desde arriba al mío que le espera. Abandono tus labios, sediento busco tus pechos con mi boca, me deleito con tan dulce manjar...
Enviado por un lector que quiere permanecer anónimo. Lo dedica a quién, dice, si lo lee, se reconocerá. No nos manda fotos, así que si quieres mandarnos alguna para ambientar tan caliente cuento...
nos propone un juego: Un cuento con 116 palabras. Este es el mío:
Te pasa algo? Por? Te agitabas. Soñaba UY, cómo está esto! Qué soñabas? Estábamos en un baile. Bailábamos juntos? No, tú con una chica y yo con otra. Por lo que veo tu compañera bailaba muy bien Muyy bien. Apenas movíamos los pies. ¿Entonces? Su
pierna entre las mías, su pecho pegado al mío, se rozan nuestras
mejillas, hasta que los labios se encuentran y permanecen ahí, al borde
unos largos segundos, mi mano pasea por su cadera bajo la abertura del
vestido. Mi sexo se yergue y se orienta en dirección al suyo, separados
y aprisionados por sendas telas que no les impiden sentirse,
acariciarse. Nuestras bocas se abren, nos mordisqueamos las comisuras,
los labios...
Las fotos han sido enviadas por Belkis,siempre tan amable
Nos levantamos del sofá, pues, y nos vamos al dormitorio de invitados, que ella conocía muy bien, y estos días ocupaba yo. Me
entretengo un minuto recogiendo algunas cosas, y cuando llego, veo su
espalda ya completamente descubierta, y el vestido saliendo por su
cabeza. El sostén salía junto con el vestido, y las bragas a
continuación. A continuación, se tumba ya desnuda boca abajo en la cama.
Pienso: ¡Qué rapidez! Bueno, mejor así, porque si me hubiese pedido
ayuda para soltar o quitar alguna prenda, es más que probable que se
hubieran precipitado las cosas, y aplazado el masaje. Tranquilamente,
busco el bote de aceite, vierto un poco en mis manos, froto una contra
otra con el aceite en medio para calentarlo, y empiezo a extenderlo por
sus pies y piernas. Repito la operación, tomo más aceite, lo atempero
entre mis palmas, y con firmeza y pasadas largas voy subiendo por su
cuerpo. Aparta la abundante y espesa melena azabache para permitirme
llegar hasta sus hombros. El
aroma a jazmín, madreselva, lavanda... va llenando la estancia y
endulzando el ambiente. Sigo con pasadas largas y rápidas sobre su piel,
para calentarla, abrir sus poros, permeabilizándola para que se empape
de aceite, y preprarando así los músculos para recibir el masaje. Una
vez tonificada la piel, tomo ambos pies con mis manos (derecha -
derecho; izquierda - izquierdo) y comienzo a amasar: El pulgar sobre las
plantas, los otros dedos en el empeine. Lenta pero profundamente en la
planta; más ligero en el empeine. Bajo a sus dedos. Los amaso de forma
simétrica. Primero los dos gordos a la vez, uno con cada mano, luego el
siguiente, el otro, hasta el chiquitito, en el que me entretengo un
poco, y regreso en sentido inverso, uno a uno, incluido los intersticios
entre ellos, así hasta llegar de nuevo al gordo, sin prisas, sin dejar
ni un milímetro de piel. Otra vez las plantas, un poco más lento que
antes, y un poco más profundo. Los tobillos, los talones. Los rodeo e
hidrato bien. Pantorrillas. Subo presionando por atrás los gemelos, bajo
ligero por sus laterales, para facilitar la circulación venosa de
retorno, una y otra vez. Las corvas. Suavemente,s ólo los pulgares
moviéndose en círculos- la derecha en sentido de la agujas del reloj, la
izquierda al contrario. Los muslos, al igual que antes las
pantorrillas, ambos simultáneamente, fuerte con la palma por detrás y el
pulgar en el interior hacia arriba hasta el borde de las nalgas, suave
el pulgar detrás y dedos por fuera hacia abajo, varias veces hasta las
rodillas, y luego una larga, de nuevo a los tobillos, y otra vez hasta
arriba, pero ahora con los pulgares por el interior. Al subir muslos
arriba, sus piernas se abren para facilitar el deslizamiento de mis
manos; hasta que al llegar a la ingle, tan franco estaba el paso, que
lucía, gloriosos entre esos muslos, una concha cerradada y peladita,
peladita. La bordeo y subo por las nalgas, de nuevo los pulgares por el
borde interior de las pompis, abriéndolas y acercándose, aunque sin
rozar el violáceo círculo que ahora queda a la vista entre ellas; amaso
los panes redondos de sus nalgas como un panadero experto amasa dos
hogazas a la vez, una con cada mano. Subo espalda arriba, cada pulgar
por un lado de la columna vertebral, abarcando ambos músculos en amplios
círculos, desde el centro de la espalda hasta los costados. Al frotar
el aceite incrementando más aún su temperatura, aumentan también la
cantidad y matices de los aromas que desprende. Llego a los hombros,
amasándolos con firmeza, desde el brazo al cuello y viceversa, desde el
omóplato a la clavícula . Su piel ungida se desliza muy suavemente bajo
mis manos, por lo que puedo apretar un poco más cada vez. Veo el perfil
izquierdo de su cara, relajado y con los ojos cerrados. Sus labios tan
apetitosos, unidos, pues hasta los mmmmmhhhh eran nasales. Tomo más
aceite en mis manos. Vuelvo a ponerlas en sus hombros, y bajo por ambos
brazos, dejando un rastro embriagador. Llego a sus manos, entrelazo mis
dedos con los suyos, los apreta. Con ese apretón de mis manos entre las
suyas lo ha dicho todo. Le sientan bien mis atenciones, le gusta. Mi
autoestima, maltratada durante tato tiempo, ha renacido hoy gracias a un
encuentro fortuito, a la confianza que ha puesto en mí, y al
reconocimiento que me transmite con ese prender mis dedos con los suyos. Vierto
más aceite,mucho, sobre su espalda, siguiendo la línea dorsal de abajo
arriba. Lo extiendo hasta cubrir toda su espalda, y me tumbo sobre
ella. Tomo de nuevo sus manos con las mías, mis brazos sobre los suyos,
mi pecho en su espalda, mis piernas sobre las suyas, empapándome así yo
también de ese aceite de la vida tomado de su piel. Y mi sexo... pues
evidentemente, sobre su culo, aunque sin aceite, pues aún está enfundado
en su prenda. Alcanzo con dificultad sus labios, que por primera vez
rozo con los míos. Suelto sus manos, y me retiro hacia atrás, con la
boca muy cerca de su piel, soplando, con los labios muy juntos, aire muy
frío a lo largo de su columna, desde arriba hasta abajo . Los pulgares
siguen a mi boca, aplicando de nuevo aceite, contrarrestando así
rápidamente la sensación de frío anterior. Llego
con mi boca a la altura de las nalgas, que separo con ambas manos, para
seguir soplando por su centro. Sus caderas se arquean, elculo sube,
para poner mi disposición sus otros labios. Al llegar a ellos, abro mi
boca y sigo exalando, pero ahora mi cálido y húmedo aliento sobre ellos,
que esponjosos, se abren para recibir mi calor. Caigo entonces en que
estoy a punto de comerme su cuca, sin haber besado sus labios. - ¿Y si después no le gusta el sabor de su sexo en mis labios? Pienso -Hay mujeres a las que les desagrada el olor de su sexo, y no les gusta besarte después de un cuni-
Desando
entonces el camino andado, vuelvo a subir soplando finamente al paso de
mi boca, para adelantar una pizca del estremecimiento glorioso que
puede subir en breve, pero esta vez más rápido. Noto como se eriza toda
su piel, por lo que cubro de nuevo su cuerpo con el mío, compartiendo de
nuevo el aceite que nos une y emborracha. LLego de nuevo hasta sus
labios con los míos, y sólo entonces me bajo de su espalda para tumbarme
su lado. Se gira para quedar frente a frente, nos fundimos en un
abrazo, y mi pecho se restrega con el suyo (los suyos), devolviéndole el
aceite que tomó prestado de su espalda. Al mismo tiempo, nuestras bocas
se buscan y nos devoramos como si hubiéramos estado esperándonos desde
que nos conocimos. Besos profundos, ningún rincón de nuestras bocas
quedó por explorar; besos largos, largos, sin interrupción estaba
acostumbrado a que me cortaran los besos, expulsándome de la boca, ella
sólo cambiaba sus labios (Ahhhhh.... por fin, sus labios) y su lengua
de sitio, pero en ningún momento dejaron de tener contacto con los míos.
Saboreo el elixir que emana esta fuente de jade, que me revitaliza y
fortalece, como mágica pócima del más sabio druida. Mientras, nuestras manos acariciaban cuánta piel del otro son capaces de alcanzar. Sus
caderas, muslos, costados, pechos, sus gloriosos pechos. Que los tenía
enormes, era evidente en público, pues semejante tamaño era imposible
de disimular, pero además eran muy, muyyyy sensibles. Los tomé con mis
manos, acerqué mi boca, paseé mis labios por las areolas, grandes
incluso para su talla, primero una, luego la otra, sin detenerme aún en
los pezones, que asomándose me llamaban. Acaricia mi pelo, amaso su
spechos uno contra otro, y ahora sí, tomo alternadamente sus pezones en
mis labios, suave, suavemente, para ir apretando un poco más en cada
cambio. Bajo besando su cálido vientre, su acogedor ombligo,
embadurnando mis labios de aceite ardiente, sus ingles, sus muslos,
entre los que me coloco, besando uno, otro, uno, otro, que se van
abriendo de nuevo para ofrecerme el manjar más exquisito de su cuerpo.
Mis labios se acercan poco a poco, vuelvo a acariciar con mi aliento,
cada vez desde más cerca, hasta rozar sus labios íntimos con los míos.
La ausencia de vellos me permite recorrerlos en un susuro,
acariciándolos como una pluma, de abajo arriba. Se abren y yo acepto
la ofrenda y beso lo que se me brinda, despacio, sólo con mis labios, de
seda por el aceite que los cubre, recogido a lo largo de su cuerpo.
Sorbo con mis labios la miel que me regala su vulva, y llego así al
vértice de su sexo, aún refugiado en su nido, que beso suavemente,
humedeciéndolo con el interior de mis labios. Agradecido, descubre la
perla que cobija dentro, que tomo delicadamente con lo más tierno de mis
labios. Al rodear esta joya para besarla, queda en el interior
atrapada entre ellos, que a su vez llegan así abiertos a besar el sexo
que lo alberga. Me desprendo del botón que me hechiza, y bajando con mi
lengua marco el centro de arriba abajo, hasta encontrar la cueva por la
que me adentro. Mis dedos juegan untuosos en el agujerito de atrás,
rodeándolo y llamando en el mismo centro con la yema de mi meñique, con
toques cortos y rápidos.
Mi
dedo corazón llega al hueco ocupado por la lengua, que le cede su
abrigo, y llegando más adentro. Sube de nuevo mi boca labios arriba,
esta vez succionando sus labios al tiempo que la lengua presiona un
poco más el centro, hasta llegar de nuevo a la cima. En el mismo
instante que mis labios toman de nuevo el punto mágico, mi dedo se
introduce hasta el fondo de su vaina despacio, pero firmemente,
curvándose sus falanges al llegar al fondo, y salir así, para volver a
empezar. Con
la pipi entre mis labios, saco la lengua para un contacto más fuerte,
hasta acompasar lengua y dedo, de tal forma que cuando uno se relajaba,
el otro apremiaba, y viceversa, sintiendo cómo su cuerpo está se ha
acompasado tan bien al ritmo, que más que contonear, seserpentea para
sentir cada caricia, cada beso, cada lengüetazo. Su pelvis empieza a
acelerarse, virando sus contorsiones hasta un movimiento exclusivamente
vertical. Acompaso
mis movimientos a los suyos, siguiendo lo dictado por la sincronía que
hemos llegado a establecer en tan sólo un momento de contacto físico. De
tal forma que, en una de las salidas del dedo corazón de su interir,
mi anular le acompaña esta vez al interior, moviéndose en el mismo con
vida propia, cada uno por un lado, abarcando así cada terminación
nerviosa, una y otra vez. Mientras, la lengua actúa por sí misma, de
nuevo a unísono, las caderas suben y bajan ahora con fuerza, su
respiración se entrecorta, por momentos se detiene, arriba para
reanudar con suspiros cortos y cada vez más frecuentes HAh........,
HAh......... Hah,.. . Ah.:: Ah... . Mi
mano libre busca su pecho, de nuevo paseo mis dedos por su areola,
atrapo el pezón entre mis yemas. Son tres instrumentos pues los que
ahora simultáneamente interpretan esta lúbrica sinfonía con y sobre su
cuerpo. Toma con sus manos mi cabeza, sin forzar, sólo para indicarme el
ritmo, que va in crescendo, desde el adagio al allegro luego al vivace,
de allí al presto, prestíiiiiiiiiiisimo...................., explotando
en un volcán que expulsa mis dedos de su interior, para de un golpe
devorarlos de nuevo. AAaaaaaaaaaaaaaaHHHHHHHHHHHH, AAAAAaaaaHHHhhhhhh,
AAAAAaaaaaHhhhhhhhhh, AAaaahhhhhhh, Aaaaaaahhh....
Sólo detengo mis dedos y separo mis labios cuándo noto que el contacto
ya no le es tan agradable al punto dónde en segundos han convergido
todos los nervios de su cuerpo, para transmitir como un rayo esa
explosión a cada una de sus células. Trepo
por la cama, y llego de nuevo ante ella, que me recibe con el beso más
tierno, más húmedo (en esto yo aportaba lo mío, es decir, lo suyo). De
nuevo un beso largo, laaaaaargo, profundo, , solo nuestros labios y
nuestras lenguas se hablan sin separarse un segundo. Nos abrazamos sin
apenas movernos esta vez, no podríamos, el aceite ha fundido nuestras
pieles una con otra.
Nada me debía por el masaje, pues yo lo había ofrecido para tonificar su cuerpo y sin contraprestaciones.
Ahora
bien, con este beso en el que se fundían miles de besos, este abrazo
cálido sellaba la complicidad alcanzada en tan corto espacio de tiempo,
me daba por generosamente re-compensado.
Este
beso sellaba la recuperación de mi autoestima, recién renacida. Por fin
alguien apreciaba el cariño que podía dar, el bienestar y la felicidad
que podía transmitir.
Dedicado a M, de quién tan grato recuerdo guardo. Y a M, con todo el cariño. Recuerda: Mientras lo sueñes, es posible.
Graciasamable lector/a,por acercarte hasta aquí a leerme, a pesar de mis ausencias. Si observas en este u otro texto de este blog alguna falta, te agradezco me lo hagas saber para corregirlo.